La libertad creativa

En un principio tener toda la libertad del mundo para crear las piezas es muy atractivo, pero después te das cuenta que no sólo puedes hacer las piezas que a ti te gustan, sino que tienes que hacer un poco de todo. Hace unos años trabajaba en una cadena de ropa de estas que hacen pronto moda y una de las diseñadoras de complementos me hizo precisamente este comentario que se me quedó registrado, no sólo puedo diseñar las cosas que yo llevaría porque si no sólo se las venderé a la gente que tiene los mismos gustos que yo.
Y esto me hace continuar trabajando buscando siempre cosas nuevas que pueda seguir creando.
Ahora que estamos en pleno verano ya estoy pensando en las piezas que haré de cara en otoño, mirando los Pantone de la temporada para ir eligiendo telas y formas.

Más puntos de venta

A través de una amiga he conseguido mi segundo punto de venta , esta vez en el Prat,en una bonita tienda donde también se imparten talleres y dónde también he debutado como tallerista haciendo un curso de “Fondo de armario”.
Otro punto de venta ha surgido en Andorra, así que ya me puedo considerar internacional, con presencia en dos países. El hecho de estar en el Mercado del Raval hace que muchas de mis piezas se encuentren ahora en el extranjero, donde viven sus flamantes propietarias.
En la parada mucha gente se interesa por si puede comprar on line, así que he decidido a poner en marcha la web.
También las redes sociales son una ventana para los que empezamos, y su gestión, a pesar de que reporta muchas alegrías, no siempre es fácil. Ahora hago uso de una serie de palabras( tipo influencer, instagrammer…) que hace unos meses ni conocía.
Leí una vez que el hecho de iniciar un proyecto en solitario es como subir a una montaña rusa, que subes para divertirte, a pesar de que sabes que pasarás miedo en algún momento.

El inicio del periplo

A pesar de ser hija, nieta y bisnieta de modistas no empecé a coser hasta muy entrada a la treintena y lo hice como el que se apunta a yoga, como una actividad extra laboral.
Un día charlando con una chica que tiene una tienda de ropa cerca de casa y que nos conocíamos del barrio me pidió que le hiciera unas piezas para vender en su tienda. Mi primera respuesta fue un no rotundo. El trabajo, el poco tiempo, la llegada de las vacaciones fueron las excusas que usé. Excusas que me duraron 30 minutos que es el que tardé a pensar: por qué no?
El día siguiente volví y le dije que sí, que lo haría. Me pasé todas las vacaciones del mes de agosto para confeccionar una pequeña colección que se puso a la venta en septiembre. Fue muy bien, y esto me animó de lo más, mis piezas se venían!
Poco después me quedé sin trabajo y un golpe superado el vértigo de mi nueva situación, vi que tenía una vía abierta y que podía seguir este camino. Busqué markets donde poder exponer y empecé a vender más piezas, mientras seguía mi formación.
Encontré que trabajar en la calle era una nueva experiencia que me gustaba cada vez más y que podía hacer una de las cosas que más me gustan, que es hablar. Así sabes el que gusta, el que no y las opiniones de gente de todas partes del mundo te abre una nueva ventana de posibilidades.