Fuera de medida

A veces hay gente que entra en la tienda y que piden si les puedo hacer alguna prenda a medida. La respuesta siempre es (y será) no. Mi madre era modista y aunque hace años era muy normal hacerse ropa a medida, ya se encontraba con clientela potencial que no le valoraba el trabajo.
Muchas veces no somos conscientes que una pieza a medida lleva tiempo, se tiene que hacer un patrón único, que después no se volverá a utilizar y que también hay que hacer, como mínimo, un par de pruebas. Esto implica un tiempo que se verá repercutido en el precio de la pieza.
Recuerdo que mi madre tenía una clienta que en lugar de mirar modelos en revistas tipo Burda (he crecido con esta revista!) o Patrones se presentaba con el Hola de turno y quería que le copiara un vestido que llevaba Isabel Preysler (estoy hablando de hace treinta años y esta mujer ya era un icono!). El problema es que el vestido era un Ives Sant Laurent con un tejido fantástico y que la clienta venía con una tela que había comprado en los Encantes. Y no hace falta decir que la señora no tenía la misma silueta que la Preysler, así que la cosa siempre estaba abocada al desastre. Entendéis ahora por qué digo que no?

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Días malos

Estar de cara al público es un pozo de nuevas experiencias. Buenas, no tan buenas y, sobretodo, curiosas. Hay un tipo de persona que entra en la tienda con la excusa de mirar, pero en seguida dejan de hacerlo, ya te dicen que todo es caro (siempre lo dicen) e inician una conversación sobre un tema que no tiene nada que ver con lo que los ha llevado a entrar, como por ejemplo que también cosen (al ver la máquina de coser), que tiene un espejo igual en casa (pero el suyo lo compraron en la India en un viaje, aquí ya dudé si presuma de los muebles de casa o de los viajes) o que quieren hacer un regalo y no encuentran nada (porque que todo es caro, claro…)
Hay días que me sabe mal, que entiendo que debe ser gente que está sola y que quieren hablar, pero no lo podrían hacer de otra manera, con un poco más de gracia? Y hay días que no, que no tengo muchas ganas de seguir la corriente y lo peor de todo es que después el mal humor me dura un buen rato. Qué envidia, los monjes budistas!

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Mi huella

El otro día me pasó una cosa que me hizo especialmente ilusión. Recibí la llamada de una chica que había visto una de mis tote bag en el autobús y le preguntó a la propietaria de la bolsa donde la había comprado. Ésta le dio mi teléfono y la chica me llamó para preguntar si la tenía disponible en la tienda (gracias, Google!). Ostras, al final estamos hablando de una tote, que he vendido unas cuantas, pero esta me hizo muuucha gracia. Es muy chulo que guste tu trabajo y que te busquen interesándose por lo que haces.
Una sensación parecida es cuando ves por la calle una de tus piezas, ves que alguien la lleva puesta y realmente da mucha alegría. Es como cerrar un círculo, tú has ideado una pieza y una vez confeccionada ya no te pertenece e inicia su propio periplo.

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Cuando comprar no es tan fácil

Ahora que estamos en un tiempo de cambio de temporada es cuando recibo la ropa que compré hace más o menos un año. Y vuelve a ser una sorpresa abrir las cajas y volver a ver esa ropa que tanto nos gustó comprar. Y también te encuentras la que no te gusta tanto. Esta es una de las cosas más difíciles que tengo que hacer por el hecho de llevar la tienda, y no me acabo de acostumbrar. comprar piezas que no te gustan no es tan fácil como parece. Está claro que hay que abarcar un público lo más amplio posible y que si solamente quieres vender la ropa que te gusta a ti dejarás un sector del público potencial fuera de tu alcance. Y aquí viene cuando se complica el tema, tienes que tener piezas diferentes, pero también que puedas vender, no sea que una clienta te vea no muy convencida cuando se pruebe una prenda que a ella le encante y a ti no tanto.

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