Nuestra piel

Hace poco mi amiga Carme me recomendó un documental sobre la manera de consumir la ropa que tenemos en la actualidad. Si lo queréis ver, el documental está en Netflix y se llama “The true cost” y habla principalmente de la fabricación de ropa que este modo de consumo masivo que nos han impuesto comporta y los costes, tanto ecológicos como humanos, que genera fabricar lo que ahora decimos “fast fashion”. O sea, aquello que se hace ahora ,cada vez que salimos me compro una camiseta que ,total, me cuesta cuatro duros y así renuevo vestuario. El documental dice cosas muy interesantes, pero que ya las hemos oído otras veces, porque ya sabéis que éste es uno de los temas que más trato y que siempre hablo del término contrario a la fast afashion, de la slow fashion.
Pero una de las cosas que más me llamó la atención y que no me había planteado hasta ahora es que sale la propietaria de una granja de algodón orgánico de los Estados Unidos que hace una muy buena reflexión: cada vez queremos que la comida sea más orgánica y ecológica porque nos preocupa (y hacemos muy bien en preocuparnos) nuestra salud, pero encima del órgano más extenso que tenemos, nuestra piel, nos ponemos cualquier cosa. No podría estar más de acuerdo.

Colaboraciones

Tener una tienda de barrio hace que el trato con la clientela sea diferente que en una gran superficie o que en tiendas del centro y, a menudo se crean situaciones muy chulas como cuando te piden una pieza específica que necesitan para completar el look para un evento importante. Hace poco vino una chica pidiendo si le podíamos hacer unos pendientes para una boda. El vestido era de color verde y quería unos pendientes de ese mismocolor. Hablé con Mercè de la firma One Jewel y me preparó dos alternativas de diseño que rápidamente le envié a la clienta para que las viera. Rápidamente eligió y le hicimos los pendientes a medida, tal como quería. Ver la foto del resultado me hizo mucha ilusión, porque has vivido el proceso desde el inicio y ves que has ayudado a alguien a crear su estilo.

Abierto por vacaciones

Este año he decidido no cerrar la tienda el mes de agosto, hacer las vacaciones el mes de Septiembre y ver qué pasa. El año pasado trabajé la primera y la última semana del mes y no fue nada mal, así que este año he decidido probar a ver como va.
Si bien es verdad que por la calle hay menos gente, hasta la fecha he ido tirando, sin grandes euforias, eso sí. El Septiembre pasado fue muy flojo ya que con la vuelta de vacaciones la gente no está para gastos extras. También se junta que llegan las Visas de las vacaciones (ay,ay,ay…) y que sigue haciendo calor. Por este motivo estoy probando el mes de agosto, a ver qué tal. Como hay segundas rebajas, los precios más bajos siempre animan la venta. Y si no, tengo wifi y Netflix, así que no hay que sufrir!!

Visitas chulas

Desde que tengo la tienda y aparezco en las redes sociales como negocio, hay un montón de gente que en algún momento habíamos estado cercanos y que después, por cosas de la vida, nos habíamos alejado, que han venido a verme y a hacerme una visita. No sabéis la ilusión que hace cuando alguien te contacta después de mucho tiempo (las redes sociales han hecho que todos estemos más cerca y más conectados) y quiere venir a verte. Han pasado por aquí amigos de la infancia, vecinos de mis padres, compañeros de instituto y amigas de la facultad.
Si hasta tengo en facebook como seguidor a uno de mis profesores de primaria. Hace especial ilusión que vengan a ver como te va y a charlar, poniéndonos de esta manera al día, después de mucho tiempo sin vernos.
Es una de las cosas más positivas que he experimentado, ya sabéis que muchas veces comento que desde que empecé con la confección me encuentro muchas veces como viviendo sin techo, en la intemperie, que es la imagen que describe a la perfección como nos encontramos los que empezamos un proyecto. Pero una de las cosas que más me ha llenado es esto, las visitas inesperadas que te alegran el día, la semana y la vida en general.

Mi barrio

Desde que empecé con la tienda me han pasado cosas muy chulas como reencontrarme con gente que hacía años que no veía, ampliar mi red social en el barrio y conocer a un montón de compañeros tenderos con los que compartir los altibajos de nuestra profesión.
Llevaba ya unos meses en la tienda cuando entró una chica a comprar un regalo y cuando me miró me di cuenta que era Anna, una compañera de clase de primaria (yo soy de las que hizo EGB, pero mejor decir primaria, que si no, se ven los años que tengo, je je…) que hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Total, que resulta que ella tiene un local de estética y salud muy cerca de la tienda, y desde ese momento nos hemos reencontrado. Nos hizo tanta gracia que hasta hizo venir a su madre a verme, ya que yo había ido muchas veces a su casa (y ella a la mía) y la recordaba mucho. Fue una visita muy emotiva, me emocioné un montón, volví a mi infancia y a todos los buenos recuerdos que tengo del colegio.
Y esto nos ha llevado a volver a estar en contacto, ahora sí que más que nunca mi barrio me parece un pueblo.