El otoño

Ahora empieza una de las épocas que más gustan de estar en la tienda, que es el cambio de temporada. Todavía colean las rebajas, pero ya empezamos a tener novedades de otoño. La gente tiene ganas de estrenar y vienen buscando piezas nuevas. También como compré las prendas de este otoño hace exactamente un año hace gracia ver las novedades como si las viese por primera vez, como si las hubiese comprado otra persona. Y ver como la tienda cambia la paleta de colores, ahora nos vamos oscureciendo mientras el día se acorta. Y sacar novedades cada semana, que es una de las cosas que más me gustan, ya que cuando quitas piezas tienes que montar escaparate nuevo y pensar nuevas combinaciones, que luzcan los conocimientos de estilismo. Y empezar a mirar telas para las piezas que confeccionaré, que ya estoy maquinando nuevas piezas y recibiendo peticiones de novedades de invierno.
También se acaba este calor tan infernal que nos ha castigado a fondo estos últimos meses y ahora viene la época que puedo tener la puerta de la tienda abierta, así estoy más conectada con la calle y no tengo la sensación de estar cerrada en una pecera, que es lo que pasa cuando hace más frío o más calor.

No colaboraciones

Hace un par de semanas escribí un post sobre una clienta que nos pidió una pieza de bisutería y que le hicimos a tres bandas en exclusiva para ella. A veces el hecho de hacer cosas para alguien también tiene una parte negativa, ya que no siempre va tan bien como el caso de los pendientes. A principios de verano vino una clienta a pedir si le podía hacer unos pendientes con tres rosas blancas que quería para un vestido. Se los hizo Berta, una de mis proveedoras de bisutería, siguiendo sus instrucciones y le mandé una foto a la clienta para que los viera y me dijo que le gustaban, que ya pasaría a recogerlas. Pues cuando vino a la tienda no le acabaron de gustar y no se las llevó. Ostras, si se las habíamos hecho para ella! A menudo no nos damos cuenta de que no valoramos el trabajo de los demás, que dedicamos nuestro tiempo y esfuerzo y que ni se nos reconoce. Los pendientes encontraron propietaria y acabaron viajando a Italia donde se los llevaron poco después. O sea que la historia tuvo un final feliz (con exportación incluida) aunque tuvo algún momento de decepción.