Black Saturday

La semana pasada fue el Black Friday, que se ve que ahora somos americanos. Me choca que una fiesta tan alejada de las nuestras haya llegado para quedarse. Cualquier día empezamos a comer pavo el tercer jueves de noviembre. Ya lo veréis. Si bien es una fiesta comercial parecida a las rebajas, considero que es bueno adherirse, ya que durante aquel día la gente tiene ganas de comprar y eso siempre es una buena notícia. La única pega es que la mayor parte de la gente todavía no ha cobrado y eso siempre complica las cosas. Este año he podido comprobar que otras tiendas de barrio como la mía que otros años no hacían descuentos este año sí que los han hecho, por aquello de “si no puedes vencerlos únete a ellos”. La verdad es que estos días (yo lo hice durante tres días, de jueves a sábado) entra mucha más gente en la tienda, que es de agradecer. El año pasado, y este también, el mejor día de ventas que he tenido fue el sábado. Si bien se animó a partir del mediodía, la jornada fue bastante bien. Salí media hora tarde tanto por la mañana como por la tarde, y eso siempre quiere decir que hay trabajo. Y como anécdota comentar que vino una chica que se probó un montón de cosas y que le gustaba todo mucho. Me pidió que si por favor le podía guardar un jersey que le encantaba y que vendría el martes a buscarlo, si podía ser. Total, que el Black Friday me ha durado más a mí que a Amazon!!

Soy tallerista

Hace un tiempo, antes de tener la tienda, hice unos talleres de confección. Fue una muy buena experiencia y guardo un muy buen recuerdo.Me quedé con la idea de que algún día retomaría el tema y últimamente le estaba volviendo a dar vueltas. Total, que me he puesto las pilas y ya he preparado cuatro talleres que haré a primeros de Diciembre. De momento haré un par de introducción a la costura, donde las participantes (digo “las” porque siempre en estos talleres handmade las participantes son mujeres, no es que quiera ser políticamente incorrecta) se llevarán a casa una pieza que confeccionaran conmigo. Serán piezas pequeñas que irán variando a medida que avancen los talleres. De momento, serán la confección de una tote bag, donde aprenderán a coser recto; y un neceser, donde aumenta la dificultad porque hay que poner una cremallera. Recuerdo que para mí poner una cremallera era poco menos que una pesadilla y que me hacía tensionar la espalda de una manera que no os explico. Como todo, cuando pones unas cuantas ya desaparece la inseguridad y todo va como la seda.
También he ideado un par de talleres de tipo teórico, como por ejemplo uno del estudio del color y su psicología y otro de como hacer un buen fondo de armario.
Soy consciente de que al principio costará mover a la gente, siempre es un reto iniciar una actividad nueva, pero espero que los talleres funcionen y que me lleven a una nueva etapa de mi aventura con el textil.

En cuatro días, Navidad

Ésta era la frase que decía mi yaya cada vez que volvíamos de vacaciones de verano (normalmente a finales de agosto) y yo siempre pensaba que era una exagerada y que, de hecho, quedaban un montón de días hasta Navidad.
Y desde que tengo la tienda la recuerdo más que nunca, esta frase. Esta tarde cuando venía a abrir ya estaban instalando las luces de Navidad, prueba clara que vamos de cabeza a las Fiestas. Estamos a mediados de noviembre y ya he recibido la bisutería de la campaña de Navidad de dos de mis proveedoras habituales. Esta mañana he estado poniendo orden a las pulseras, pendientes y collares que me han traído. Y he aprovechado para reordenar toda la bisutería en general. No hace falta decir que ya he hecho un par de ventas mientras cambiaba el escaparate, ya que es bastante normal que cuando tengo la tienda con el escaparate desmontado no pare de entrar gente a mirar y , claro, esto hace que haya más venta. Y que conste que no tengo ninguna queja, al contrario!
También tengo toda la colección de invierno en el almacén y quiero que queda expuesta antes de la campaña de Navidad, ya que realmente empieza a mediados de Diciembre, a última hora. volviendo al tema de la bisutería, he puesto los conjuntos de pendientes y collares, he llenado el expositor de pulseras a tope, he hecho filas de pendientes ordenadas por colores y creo (más o menos) que ya lo tengo.
Ahora me falta hacer lo mismo con las piezas de ropa, organizar toda la colección para tener novedades cada semana de aquí a las Fiestas y que la gente que vaya pasando siempre encuentre novedades.
Total, que hoy cuando cierre ya puedo ir a buscar los turrones.

Un mes movidito

El mes de octubre ha sido un mes convulso para mí en muchos aspectos. A parte del clima político que estamos viviendo que nos tiene a todos un poco obsesionados, se ha sumado el hecho que estamos en una especie de verano permanente (escribo este post el día 05 de Noviembre y ayer fue el primer día que me puse medias) y también ha coincidido (ay, estos planetas) que la tienda de enfrente ha decidido cerrar después de diecisiete años. Lo hicieron cuando ya tenían la ropa de la colección de invierno y la pusieron toda al 50%. No hace falta decir que su tienda era una fiesta y que en la mía entraba muy poquita gente. El propietario de la tienda me dijo que estaba vendiendo como si fueran tres Navidades juntas y yo me lo miraba sonriendo mientras por dentro me estaba retorciendo. Suena fatal, lo sé, pero qué caray, me moría de la envidia!! Y lo peor es que el tipo me cae superbien.
Esta semana he leído una noticia en El País que las tiendas de ropa estaban paradas por todas partes, que hasta las grandes cadenas iban locas sin saber si sacar las camisetas de algodón o jerséis de lana, porque no acababan de ver lo que la gente quería. Porque tenían gente en las tiendas, pero que no se acababan de decidir a comprar.
Ya sé que no es justo consolarse con las penurias de los demás, pero la verdad es que un poco sí que conforta.
Suerte que ahora ya estrenamos mes de Noviembre y espero que los planetas decidan cambiar la orientación.

Autónomas

Yo siempre he “culpado” a Montse Pérez , mi profesora de patronaje, del cambio de rumbo que sufrió mi vida profesional cuando empecé a coser. Todo empezó con un curso que hacía en el Centro Cívico La Farinera donde, durante un par de meses, hacíamos una pieza de ropa bajo su supervisión. Se da la circumstancia que mi madre era modista y que siempre me había dicho que me enseñaría a coser. No hace falta decir que yo huía de la idea como del mismo demonio. Si ya cuando me hacía una pieza y tenía que probar mi padre prácticamente se marchaba de casa para no oir los gritos, imaginad si me hubiera enseñado ella a coser! Al final fue mi madre la que me sugirió que fuera a otro centro cívico del que ella daba clases (sí, ella también era profesora de confección)y que si necesitaba supervisión me la haría ella. La primera pieza fue una falda que aún conservo, de estilo vintage (un poco premonitorio) que aún marcó más mi recorrido posterior de lo que me creo. Después han pasado muchas cosas, empecé con los mercados y posteriormente se me presentó la oportunidad de tener tienda propia y me lancé de cabeza.
Casualidad o no, en las clases de patronaje ha habido varias compañeras que han dejado sus trabajos y se han convertido en emprendedoras, esa palabra tan de moda últimamente.
La semana pasada hicimos una cena para compartir las penas y alegrías y salí muy reforzada. Ver que tienes compañera de guerra con las que hablar y que hablan tu mismo idioma es muy enriquecedor y si es delante de un gintonic, aún más!!!