El taller

El sábado pasado pude iniciar el tema de los talleres en la tienda, proyecto que tenía previsto desde hacía tiempo y que empecé a publicitar hace poco. E inauguramos los talleres con la confección de una tote bag. Tuve dos alumnas muy aplicadas que vinieron con muchas ganas de coser y de aprender. Una de ellas llevaba su máquina de coser porque quería saber como funcionaba, que aún no la había estrenado. Eligieron las dos la misma tela y empezamos la confección de la bolsa. Primero plancharon las asas y la parte de arriba de la bolsa, para dominar la tela. Una vez planchada, empezaron a coser las asas. En principio es una costura recta, pero para alguien que no ha cosido nunca puede parecer una odisea. Pero salieron las dos airosas, la verdad es que confeccionaron la pieza siguiendo mis instrucciones y terminando en el tiempo previsto. Cosieron las asas y después cerraron la bolsa, haciendo una costura francesa para pulir los acabados. Había momentos que estaban superserias y era de la concentración que le ponían. Salieron con la bolsa terminada y muy satisfechas. Ellas y yo, ver como se fueron muy contentas con su pieza terminada fue muy satisfactorio!
Cuando empecé con los talleres, ya hace unos años, vi que la gente prefería los talleres donde se confeccionaba una pieza que se pudieran llevar que no las clases donde hacer una costura recta, un zig zag, y confeccionar un mostrario. Y ya he empezado, espero que tenga éxito esta nueva faceta de tallerista!

El showroom

Una de las cosas que más me gusta en el mundo es ir de compras. Me encanta ir a comprar, no hace falta que sea ropa, me lo paso en grande hasta cuando voy al supermercado, así que no tengo el listón demasiado alto, por lo que se ve…;)
Por eso me gusta cuando un par de veces al año, al final de las rebajas, toca ir a visitar showrooms para comprar la temporada siguiente. Reúne un par de características que lo convierten en una muy buena experiencia: comprar a tope y no gastar ni un euro. Digo comprar a tope porque en una sola compra dejas hechas dos colecciones de golpe: primavera-verano u otoño-invierno. Y no gastas un euro porque no lo pagas hasta el año siguiente, que es cuando recibes la colección. Y mientras, te pasas unas cuantas mañanas visitando showrooms, viendo ropa de todos los colores y de charla con los proveedores, qué más puedes pedir?
Además, como a estas alturas ya estoy un poco cansada de la ropa que todavía tengo en la tienda siempre sienta bien cambiar un poco la paleta de colores y ver lo que se llevará!
Todo cosas nuevas, ahora ya he terminado con las colecciones de otoño-invierno del 2019, ahora toca esperar hasta julio para repetir el proceso.

Un día redondo

Hace un par de sábados hacía un día no muy bueno y llegué sin muchas espectativas a la tienda. Los sábados no son días de mucha venta, especialmente por la mañana. A eso me costó bastante acostumbrarme al principio de estar en la tienda, ya que yo siempre había aprovechado el sábado para ir a comprar ropa y pensaba que la mayoría de gente hacía como yo. Y se ve que no. Pues por la mañana tuve bastante movimiento, ya que al estar en segundas rebajas, hace que la gente se anime bastante.
Ya por la tarde vine más animada y la verdad es que fue la mar de bien. A una hora y un poco más de cerrar, entraron dos chicas que me encantaron. Una de ellas quería una de mis faldas, pero no tenía su talla. Le dije que se la podía hacer y me respondió que la quería estrenar ese mismo sábado por la noche. Y sabéis que le dije? que se la hacía, que en una horita larga la tendría lista. Se sorprendió y me dijo que sí, que volvía en una hora. Y me puse a cortar rápidamente. Si iba haciendo a buen ritmo tendría tiempo de confeccionarla dentro del límite. Y sin correr. El primer pensamiento fue que mejor que no viniera nadie, pero entró una clienta y de las que más me gustan, de las que siempre son amables y vienen con las ideas claras. Total, que la atendí sin mirar el reloj y cuando se fue seguí confeccionando la falda.
No me gusta demasiado correr, que las prisas nunca son buenas, pero continué a buen ritmo. A falta de diez minutos de la hora acordada ya la tenía terminada, faltaba etiquetarla y plancharla. Y justo cuando terminé con la plancha, entró la chica por la puerta. Se la probó y le quedaba muy bien, tanto que le pedí si le podía jacer un par de fotos para las redes y me dijo que sí, que encantadísima. Y cuando se fue cerré la tienda, consciente que había sido un día redondo, de los que me gustan y me hacen sentir que voy por buen camino.

Cambios de tiempo

Aunque nos encontramos en pleno invierno, hace más o menos unos diez días tuvimos una semana que hizo hasta calor .Además coincidió en pleno inicio de rebajas y no sabéis la de gente que entró en la tienda a preguntar si ya tenía la ropa de primavera. No hace falta decir que una vez pasado el calor ya no me lo preguntaron más, y suerte, porque todavía no la tenía.
Es muy curioso como nos afecta el tiempo, ya que este verano pasado hizo un calor horroroso y no paré de vender vestidos de algodón. Más adelante, durante el mes de octubre, hacía mucha calor y, aunque ya tenía la ropa de otoño en la tienda, se tardó un montón en empezar a vender.
Con esto quiero decir que el tiempo nos condiciona y mucho, al comercio. También es verdad que los días que llueve son días muy flojos en cuanto a la venta, como si el hecho de ir incómodos con el paraguas nos quitase las ganas de pasear e ir de compras. De hecho, en días de lluvia no hay gente ni en el súper. Aunque conozco a gente que aprovecha estos días para ir de compras porque saben que no encontraran gente y podrán ir más tranquilos.
Siempre he pensado que esto está directamente relacionado con nuestro carácter mediterráneo, siempre pendientes del día que hace y a partir de ahí montamos nuestras actividades del día. Porque en Siberia, por poner un ejemplo, entiendo que las tiendas tienen movimiento aunque estén enterradas en la nieve la mayor parte del año. O no?

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