Un día redondo

Hace un par de sábados hacía un día no muy bueno y llegué sin muchas espectativas a la tienda. Los sábados no son días de mucha venta, especialmente por la mañana. A eso me costó bastante acostumbrarme al principio de estar en la tienda, ya que yo siempre había aprovechado el sábado para ir a comprar ropa y pensaba que la mayoría de gente hacía como yo. Y se ve que no. Pues por la mañana tuve bastante movimiento, ya que al estar en segundas rebajas, hace que la gente se anime bastante.
Ya por la tarde vine más animada y la verdad es que fue la mar de bien. A una hora y un poco más de cerrar, entraron dos chicas que me encantaron. Una de ellas quería una de mis faldas, pero no tenía su talla. Le dije que se la podía hacer y me respondió que la quería estrenar ese mismo sábado por la noche. Y sabéis que le dije? que se la hacía, que en una horita larga la tendría lista. Se sorprendió y me dijo que sí, que volvía en una hora. Y me puse a cortar rápidamente. Si iba haciendo a buen ritmo tendría tiempo de confeccionarla dentro del límite. Y sin correr. El primer pensamiento fue que mejor que no viniera nadie, pero entró una clienta y de las que más me gustan, de las que siempre son amables y vienen con las ideas claras. Total, que la atendí sin mirar el reloj y cuando se fue seguí confeccionando la falda.
No me gusta demasiado correr, que las prisas nunca son buenas, pero continué a buen ritmo. A falta de diez minutos de la hora acordada ya la tenía terminada, faltaba etiquetarla y plancharla. Y justo cuando terminé con la plancha, entró la chica por la puerta. Se la probó y le quedaba muy bien, tanto que le pedí si le podía jacer un par de fotos para las redes y me dijo que sí, que encantadísima. Y cuando se fue cerré la tienda, consciente que había sido un día redondo, de los que me gustan y me hacen sentir que voy por buen camino.

Cambios de tiempo

Aunque nos encontramos en pleno invierno, hace más o menos unos diez días tuvimos una semana que hizo hasta calor .Además coincidió en pleno inicio de rebajas y no sabéis la de gente que entró en la tienda a preguntar si ya tenía la ropa de primavera. No hace falta decir que una vez pasado el calor ya no me lo preguntaron más, y suerte, porque todavía no la tenía.
Es muy curioso como nos afecta el tiempo, ya que este verano pasado hizo un calor horroroso y no paré de vender vestidos de algodón. Más adelante, durante el mes de octubre, hacía mucha calor y, aunque ya tenía la ropa de otoño en la tienda, se tardó un montón en empezar a vender.
Con esto quiero decir que el tiempo nos condiciona y mucho, al comercio. También es verdad que los días que llueve son días muy flojos en cuanto a la venta, como si el hecho de ir incómodos con el paraguas nos quitase las ganas de pasear e ir de compras. De hecho, en días de lluvia no hay gente ni en el súper. Aunque conozco a gente que aprovecha estos días para ir de compras porque saben que no encontraran gente y podrán ir más tranquilos.
Siempre he pensado que esto está directamente relacionado con nuestro carácter mediterráneo, siempre pendientes del día que hace y a partir de ahí montamos nuestras actividades del día. Porque en Siberia, por poner un ejemplo, entiendo que las tiendas tienen movimiento aunque estén enterradas en la nieve la mayor parte del año. O no?

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