Un día redondo

El sábado pasado cuando me levanté el día no acompañaba mucho, ya estaba lloviendo y el cielo estaba completamente tapado, sin esperanzas de que la cosa fuera a mejorar. A primera hora pasé por la mercería porque necesitaba materiales y comentamos con la tendera que sería un día de poca venta debido al tiempo que hacía. Yo tenía un taller concertado con dos alumnas que me ocuparía buena parte de la mañana y pensé que así el tiempo se pasaría más rápido. El taller fue muy bien, las dos alumnas fueron muy aplicadas y se fueron a casa con dos tote bags perfectamente confeccionadas por ellas mismas. A última hora de la mañana vino una clienta y me hizo una muy buena compra. El día mejoraba por momentos!
Al venir por la tarde, con el compañero de la tienda de al lado hicimos broma con la lluvia (sí, continuaba lloviendo, de hecho, no paró en todo el día) comentando que esa tarde no tendríamos demasiado éxito en cuanto a la venta. Ya llevaba una hora en la tienda y todavía no había entrado nadie, pero entonces recibí un mensaje de una amiga que venía a verme y ya me volví a animar. Vino con su marido y estuvimos charlando hasta que, visto que no había gente ni por la calle, decidimos tomarnos un gintonic. Y fue muy buena idea, hicimos la tarde un poco más festiva, Núria se llevó unas cuantas piezas para casa y nos fuimos muy contentos, ella por la compra y yo por la venta. Fue un sábado redondo, a veces las cosas parece que empiezan de una manera, pero después dan un giro y cambian totalmente nuestro día.

Esas visitas

A veces en la tienda entran vendedores que quieren presentarte nuevas marcas y que estan haciendo su trabajo y, aunque no te interese, siempre te tratan bien y yo intento atenderlos del mismo modo.Pero hay otro tipo de visita que no siempre es tan agradable. Ya no hablo de los comerciales de telefonía móvil, que ya tienen bastante con tener un trabajo bien difícil como para que encima yo los critique, si no de vendedores de cosas que no tienen nada que ver con la tienda y que si no les compras nada encima se enfadan. Hace poco vino una chica a traerme un catálogo de una marca de congelados y aunque le dije que no estaba interesada, insistió en dejarme un catálogo y me dijo que me lo recogería en un par de días y que a ver si le podía hacer un pedido de 25 euros que era lo mínimo para empezar. Todo esto cuando yo le había dicho que no estaba interesada.
Pues dos días más tardes volvió y me preguntó si le hacía pedido. Por tercera vez (oh, sorpresa!) le dije que no y volvió a enfadarse. Me vino a decir que no entendía qué me costaba ayudarla (sí, usó la palabra ayudar) y que 25 euros no era mucho dinero. Yo le dije que esto era una tienda, que yo estaba aquí para vender ropa y complementos y que, si quería, también me podía ayudar ella haciéndome una compra. Se fue sin despedirse, totalmente ofendida. La verdad es que estar de cara al público no tiene desperdicio!

El día de la mujer

El año pasado escribí un post para el día 8 de Marzo y este año, que ha sido mucho más sonado, no podía ser diferente. Aunque era un paro de consumo, dudé un montón y al final acabé por abrir la tienda. Todas mis amigas que trabajan en empresa trabajaron y yo, siendo autónoma, si no abro no vendo y si no vendo, no como. Lo que sí hice fue unirme al paro que se hizo en la Plaza Ibiza a las doce del mediodía, organizada por el Cor d’Horta. Fue muy emocionante pasar por delante del mercado y ver como los coches pitaban en señal de complicidad a las mujeres que estaban reunidas en la puerta.
Me dió por pensar en todas las veces que me han hecho de menos por el hecho de ser una mujer. En muchas entrevistas de trabajo me han preguntado si quería tener hijos y cual era mi vida personal. Me han hecho callar en reuniones laborales, me he quedado fuera de comidas de empresa donde se celebraban proyectos en los que había trabajado y me han pedido que vigilase con los clientes para que no hubiera ningún malentendido. Con clientes hombres, se entiende. Ésto cuando trabajaba para otros. Desde que tengo mi propio negocio ahora me preguntan si pueden hablar con el jefe, si la tienda la llevo yo sola, si tengo que consultar las decisiones que tomo y un montón de cosas más que, directamente, me hacen hervir la sangre. Está muy bien que salgamos a la calle a decir basta ya, que si no fuera por nosotras no habría nada. Oí a una chica por redes que dijo que todos los hombres habían sido paridos por una mujer y que todos ellos alguna vez habían respirado de nuestro aire. Me pareció una manera bien bonita de definirlo. Lo volvemos a hacer el año que viene?

Los encargos (handmade)

Cuando empecé con la tienda no pensé que los encargos me acabarían gustando tanto. Si bien es verdad que desde el principio tuve claro que no haría ropa a medida (y mira que he recibido proposiciones!), cosa que mantengo, los encargos la verdad es que me dan mucha vidilla. De los modelos que confecciono normalmente tengo todas las telas, pero no todas las tallas, así que muchas veces la clientela me encarga una pieza de su talla que no tengo confeccionada. O bien alguna tote bag que no tengo disponible en aquella tela tan especial. O la clienta que me compra una tote y que quiere el neceser a conjunto y que en ese momento no lo tengo. O compran la falda y también quieren la bolsa a conjunto (y yo encantada, que soy la reina de los conjuntos!). Encuentro que es una de las (muchas) ventajas que tiene el hecho de coser y que me diferencia del resto. Y ahora que he empezado con los talleres aún estoy más contenta, más actividades que marcan la diferencia!