Fashion Revolution Week

Este semana se cumplen cinco años del hundimiento de una fábrica en Bangladesh que causó más de mil muertos y dió lugar a la Fashion Revolution week. Todos los trabajadores de aquella fábrica estaban cosiendo ropa para las grandes marcas que ya conocemos y por eso surgió este movimiento, que nos invita a fomentar el cosnumo responsable y a reflexionar sobre el sufrimiento que hay detrás de una camiseta de 5 euros.
Habreís visto en las redes las marcas que se añaden a este movimiento publicando una foto con la leyenda “Who made my clothes?” y donde las marcas de proximidad explican como funcionan sus empresas.
Yo querría añadir mi granito de arena. Yo tengo una tienda de barrio, ya lo sabéis, y la mayoría de las marcas de la tienda son las que encajan con la filosofía slow. Ropa hecha aquí, y creo que mi lucha es intentar que la gente entienda que un vestido que he hecho yo no es carísimo si vale más de 40 euros, que la calidad se tiene que valorar y que nuestro trabajo (y sobretodo, nuestro tiempo) también vale un dinero. La confección me da muchas alegrías, aunque muchas veces me veo aplicando la pedagogía de mostrar que mi trabajo tiene un valor y que intentemos no cargarnos (más) el planeta. Claro que hay ropa mucho más barata, pero no ayuda ni a nuestra industria ni a nuestro tejido comercial. Ser coherente es muy complicado, pero como mínimo lo tenemos que intentar.

 

El maniquí

El sábado pasado me pasó una cosa de esas que me encantan y que te alegran el día de golpe. Vino una chica, vecina del barrio, a hacerme un regalo. Había hecho un maniquí a mano, un maniquí de niño y ahora que la casa se le había hecho pequeña (está embarazada de su segundo hijo) no sabía qué hacer con él. Por un lado no se lo podía quedar y por otro le daba lástima tenerlo que tirar. Era una pieza que había hecho a mano, que había forrado y que le había puesto unas puntas con toda la ilusión y que ahora no quería tirarlo a la basura. Y pensó en regalármela, ya que encontraba que encajaba muy bien con el estilo de la tienda.
Cuando entró a explicármelo pesé que me lo quería vender (sí, soy un poco mal pensada, no puedo hacer más), pero no, me lo quería regalar. Es el primer regalo que me hacen en la tienda y me hizo mucha ilusión, la verdad. El maniquí es precioso y casualmente hace tiempo que buscaba una pieza similar (dudaba entre un colgador o maniquí bajito) para poner las tote bags en exposición y mira, debe ser cierto aquello de que si quieres una cosa intensamente al final se acaba cumpliendo.

 

La falda XS

Hace unos días, justo antes de Semana Santa, me vino a ver una chica a encargar un regalo para una amiga suya, había visto en el escaparate una falda de las mías con la camiseta a conjunto y se enamoró de ambas cosas. Entró para pedirme que las apartara, que era un regalo perfecto para una amiga, que había sido verlo y pensar automáticamente en ella. No tendría más importancia si no fuera porque la chica estaba embarazada, muy embarazada. Me dijo que le faltaban días para parir, que notaba que ya le quedaba muy poquito (deduje que no era el primero). La falda que quería era una XS y no la tenía, pero le dije que se la hacía esa misma semana. Pues la confeccioné y le mandé un mensaje avisándola que ya la tenía lista. Me contestó que vendría en unos días, que la niña había nacido ese sábado (hacía cuatro días) y como que aún hacía frío no la sacaba demasiado de casa. Justo después de Semana Santa, el martes vino con la niña y sus padres y me hizo mucha ilusión verla, sobretodo a la niña. Qué gracia haberla visto aún en su barriga y ahora ya estaba en el carro, viniendo como clienta. Ostras, cuando pasan cosas así me encanta estar detrás del mostrador!

La importancia de la formación

Muchas veces cuando en la tienda alguien me ve la máquina de coser me dice que qué suerte que sepa cosir. Y tienen razón en una cosa, saber coser está muy bien, pero no es cuestión de suerte, sino de formación y de invertir tiempo en ampliar conocimientos. Aunque este año hará diez años que empecé con la costura, aún hoy continuo yendo a clase, un mediodía a la semana voy a patronaje. Claro que toca sacrificar mi descanso del mediodía, pero encuentro que vale la pena. Sin sacrificio no hay recompenda y si no siguiera invirtiendo en mi formación no podría continuar haciendo cosas nuevas.
Siempre he sido partidaria de la formación contínua y, además, siempre me ha gustado estudiar y considero que eso sí que es una suerte.
Nunca me ha importado sacrificar parte de mi tiempo libre para conseguir hacer una cosa que me apetece y me interesa. Otras veces he comentado que empecé con la costura como hobby y que la cosa se fue complicando hasta llegar a ser profesional. Y por el camino han pasado muchas cosas y me parece que profundizar en los conocimientos que nos llevan a trabajar mejor siempre es una muy buena idea.