El maniquí

El sábado pasado me pasó una cosa de esas que me encantan y que te alegran el día de golpe. Vino una chica, vecina del barrio, a hacerme un regalo. Había hecho un maniquí a mano, un maniquí de niño y ahora que la casa se le había hecho pequeña (está embarazada de su segundo hijo) no sabía qué hacer con él. Por un lado no se lo podía quedar y por otro le daba lástima tenerlo que tirar. Era una pieza que había hecho a mano, que había forrado y que le había puesto unas puntas con toda la ilusión y que ahora no quería tirarlo a la basura. Y pensó en regalármela, ya que encontraba que encajaba muy bien con el estilo de la tienda.
Cuando entró a explicármelo pesé que me lo quería vender (sí, soy un poco mal pensada, no puedo hacer más), pero no, me lo quería regalar. Es el primer regalo que me hacen en la tienda y me hizo mucha ilusión, la verdad. El maniquí es precioso y casualmente hace tiempo que buscaba una pieza similar (dudaba entre un colgador o maniquí bajito) para poner las tote bags en exposición y mira, debe ser cierto aquello de que si quieres una cosa intensamente al final se acaba cumpliendo.

 

La falda XS

Hace unos días, justo antes de Semana Santa, me vino a ver una chica a encargar un regalo para una amiga suya, había visto en el escaparate una falda de las mías con la camiseta a conjunto y se enamoró de ambas cosas. Entró para pedirme que las apartara, que era un regalo perfecto para una amiga, que había sido verlo y pensar automáticamente en ella. No tendría más importancia si no fuera porque la chica estaba embarazada, muy embarazada. Me dijo que le faltaban días para parir, que notaba que ya le quedaba muy poquito (deduje que no era el primero). La falda que quería era una XS y no la tenía, pero le dije que se la hacía esa misma semana. Pues la confeccioné y le mandé un mensaje avisándola que ya la tenía lista. Me contestó que vendría en unos días, que la niña había nacido ese sábado (hacía cuatro días) y como que aún hacía frío no la sacaba demasiado de casa. Justo después de Semana Santa, el martes vino con la niña y sus padres y me hizo mucha ilusión verla, sobretodo a la niña. Qué gracia haberla visto aún en su barriga y ahora ya estaba en el carro, viniendo como clienta. Ostras, cuando pasan cosas así me encanta estar detrás del mostrador!

La importancia de la formación

Muchas veces cuando en la tienda alguien me ve la máquina de coser me dice que qué suerte que sepa cosir. Y tienen razón en una cosa, saber coser está muy bien, pero no es cuestión de suerte, sino de formación y de invertir tiempo en ampliar conocimientos. Aunque este año hará diez años que empecé con la costura, aún hoy continuo yendo a clase, un mediodía a la semana voy a patronaje. Claro que toca sacrificar mi descanso del mediodía, pero encuentro que vale la pena. Sin sacrificio no hay recompenda y si no siguiera invirtiendo en mi formación no podría continuar haciendo cosas nuevas.
Siempre he sido partidaria de la formación contínua y, además, siempre me ha gustado estudiar y considero que eso sí que es una suerte.
Nunca me ha importado sacrificar parte de mi tiempo libre para conseguir hacer una cosa que me apetece y me interesa. Otras veces he comentado que empecé con la costura como hobby y que la cosa se fue complicando hasta llegar a ser profesional. Y por el camino han pasado muchas cosas y me parece que profundizar en los conocimientos que nos llevan a trabajar mejor siempre es una muy buena idea.

Un día redondo

El sábado pasado cuando me levanté el día no acompañaba mucho, ya estaba lloviendo y el cielo estaba completamente tapado, sin esperanzas de que la cosa fuera a mejorar. A primera hora pasé por la mercería porque necesitaba materiales y comentamos con la tendera que sería un día de poca venta debido al tiempo que hacía. Yo tenía un taller concertado con dos alumnas que me ocuparía buena parte de la mañana y pensé que así el tiempo se pasaría más rápido. El taller fue muy bien, las dos alumnas fueron muy aplicadas y se fueron a casa con dos tote bags perfectamente confeccionadas por ellas mismas. A última hora de la mañana vino una clienta y me hizo una muy buena compra. El día mejoraba por momentos!
Al venir por la tarde, con el compañero de la tienda de al lado hicimos broma con la lluvia (sí, continuaba lloviendo, de hecho, no paró en todo el día) comentando que esa tarde no tendríamos demasiado éxito en cuanto a la venta. Ya llevaba una hora en la tienda y todavía no había entrado nadie, pero entonces recibí un mensaje de una amiga que venía a verme y ya me volví a animar. Vino con su marido y estuvimos charlando hasta que, visto que no había gente ni por la calle, decidimos tomarnos un gintonic. Y fue muy buena idea, hicimos la tarde un poco más festiva, Núria se llevó unas cuantas piezas para casa y nos fuimos muy contentos, ella por la compra y yo por la venta. Fue un sábado redondo, a veces las cosas parece que empiezan de una manera, pero después dan un giro y cambian totalmente nuestro día.

Esas visitas

A veces en la tienda entran vendedores que quieren presentarte nuevas marcas y que estan haciendo su trabajo y, aunque no te interese, siempre te tratan bien y yo intento atenderlos del mismo modo.Pero hay otro tipo de visita que no siempre es tan agradable. Ya no hablo de los comerciales de telefonía móvil, que ya tienen bastante con tener un trabajo bien difícil como para que encima yo los critique, si no de vendedores de cosas que no tienen nada que ver con la tienda y que si no les compras nada encima se enfadan. Hace poco vino una chica a traerme un catálogo de una marca de congelados y aunque le dije que no estaba interesada, insistió en dejarme un catálogo y me dijo que me lo recogería en un par de días y que a ver si le podía hacer un pedido de 25 euros que era lo mínimo para empezar. Todo esto cuando yo le había dicho que no estaba interesada.
Pues dos días más tardes volvió y me preguntó si le hacía pedido. Por tercera vez (oh, sorpresa!) le dije que no y volvió a enfadarse. Me vino a decir que no entendía qué me costaba ayudarla (sí, usó la palabra ayudar) y que 25 euros no era mucho dinero. Yo le dije que esto era una tienda, que yo estaba aquí para vender ropa y complementos y que, si quería, también me podía ayudar ella haciéndome una compra. Se fue sin despedirse, totalmente ofendida. La verdad es que estar de cara al público no tiene desperdicio!

El día de la mujer

El año pasado escribí un post para el día 8 de Marzo y este año, que ha sido mucho más sonado, no podía ser diferente. Aunque era un paro de consumo, dudé un montón y al final acabé por abrir la tienda. Todas mis amigas que trabajan en empresa trabajaron y yo, siendo autónoma, si no abro no vendo y si no vendo, no como. Lo que sí hice fue unirme al paro que se hizo en la Plaza Ibiza a las doce del mediodía, organizada por el Cor d’Horta. Fue muy emocionante pasar por delante del mercado y ver como los coches pitaban en señal de complicidad a las mujeres que estaban reunidas en la puerta.
Me dió por pensar en todas las veces que me han hecho de menos por el hecho de ser una mujer. En muchas entrevistas de trabajo me han preguntado si quería tener hijos y cual era mi vida personal. Me han hecho callar en reuniones laborales, me he quedado fuera de comidas de empresa donde se celebraban proyectos en los que había trabajado y me han pedido que vigilase con los clientes para que no hubiera ningún malentendido. Con clientes hombres, se entiende. Ésto cuando trabajaba para otros. Desde que tengo mi propio negocio ahora me preguntan si pueden hablar con el jefe, si la tienda la llevo yo sola, si tengo que consultar las decisiones que tomo y un montón de cosas más que, directamente, me hacen hervir la sangre. Está muy bien que salgamos a la calle a decir basta ya, que si no fuera por nosotras no habría nada. Oí a una chica por redes que dijo que todos los hombres habían sido paridos por una mujer y que todos ellos alguna vez habían respirado de nuestro aire. Me pareció una manera bien bonita de definirlo. Lo volvemos a hacer el año que viene?

Los encargos (handmade)

Cuando empecé con la tienda no pensé que los encargos me acabarían gustando tanto. Si bien es verdad que desde el principio tuve claro que no haría ropa a medida (y mira que he recibido proposiciones!), cosa que mantengo, los encargos la verdad es que me dan mucha vidilla. De los modelos que confecciono normalmente tengo todas las telas, pero no todas las tallas, así que muchas veces la clientela me encarga una pieza de su talla que no tengo confeccionada. O bien alguna tote bag que no tengo disponible en aquella tela tan especial. O la clienta que me compra una tote y que quiere el neceser a conjunto y que en ese momento no lo tengo. O compran la falda y también quieren la bolsa a conjunto (y yo encantada, que soy la reina de los conjuntos!). Encuentro que es una de las (muchas) ventajas que tiene el hecho de coser y que me diferencia del resto. Y ahora que he empezado con los talleres aún estoy más contenta, más actividades que marcan la diferencia!

El taller

El sábado pasado pude iniciar el tema de los talleres en la tienda, proyecto que tenía previsto desde hacía tiempo y que empecé a publicitar hace poco. E inauguramos los talleres con la confección de una tote bag. Tuve dos alumnas muy aplicadas que vinieron con muchas ganas de coser y de aprender. Una de ellas llevaba su máquina de coser porque quería saber como funcionaba, que aún no la había estrenado. Eligieron las dos la misma tela y empezamos la confección de la bolsa. Primero plancharon las asas y la parte de arriba de la bolsa, para dominar la tela. Una vez planchada, empezaron a coser las asas. En principio es una costura recta, pero para alguien que no ha cosido nunca puede parecer una odisea. Pero salieron las dos airosas, la verdad es que confeccionaron la pieza siguiendo mis instrucciones y terminando en el tiempo previsto. Cosieron las asas y después cerraron la bolsa, haciendo una costura francesa para pulir los acabados. Había momentos que estaban superserias y era de la concentración que le ponían. Salieron con la bolsa terminada y muy satisfechas. Ellas y yo, ver como se fueron muy contentas con su pieza terminada fue muy satisfactorio!
Cuando empecé con los talleres, ya hace unos años, vi que la gente prefería los talleres donde se confeccionaba una pieza que se pudieran llevar que no las clases donde hacer una costura recta, un zig zag, y confeccionar un mostrario. Y ya he empezado, espero que tenga éxito esta nueva faceta de tallerista!

El showroom

Una de las cosas que más me gusta en el mundo es ir de compras. Me encanta ir a comprar, no hace falta que sea ropa, me lo paso en grande hasta cuando voy al supermercado, así que no tengo el listón demasiado alto, por lo que se ve…;)
Por eso me gusta cuando un par de veces al año, al final de las rebajas, toca ir a visitar showrooms para comprar la temporada siguiente. Reúne un par de características que lo convierten en una muy buena experiencia: comprar a tope y no gastar ni un euro. Digo comprar a tope porque en una sola compra dejas hechas dos colecciones de golpe: primavera-verano u otoño-invierno. Y no gastas un euro porque no lo pagas hasta el año siguiente, que es cuando recibes la colección. Y mientras, te pasas unas cuantas mañanas visitando showrooms, viendo ropa de todos los colores y de charla con los proveedores, qué más puedes pedir?
Además, como a estas alturas ya estoy un poco cansada de la ropa que todavía tengo en la tienda siempre sienta bien cambiar un poco la paleta de colores y ver lo que se llevará!
Todo cosas nuevas, ahora ya he terminado con las colecciones de otoño-invierno del 2019, ahora toca esperar hasta julio para repetir el proceso.

Un día redondo

Hace un par de sábados hacía un día no muy bueno y llegué sin muchas espectativas a la tienda. Los sábados no son días de mucha venta, especialmente por la mañana. A eso me costó bastante acostumbrarme al principio de estar en la tienda, ya que yo siempre había aprovechado el sábado para ir a comprar ropa y pensaba que la mayoría de gente hacía como yo. Y se ve que no. Pues por la mañana tuve bastante movimiento, ya que al estar en segundas rebajas, hace que la gente se anime bastante.
Ya por la tarde vine más animada y la verdad es que fue la mar de bien. A una hora y un poco más de cerrar, entraron dos chicas que me encantaron. Una de ellas quería una de mis faldas, pero no tenía su talla. Le dije que se la podía hacer y me respondió que la quería estrenar ese mismo sábado por la noche. Y sabéis que le dije? que se la hacía, que en una horita larga la tendría lista. Se sorprendió y me dijo que sí, que volvía en una hora. Y me puse a cortar rápidamente. Si iba haciendo a buen ritmo tendría tiempo de confeccionarla dentro del límite. Y sin correr. El primer pensamiento fue que mejor que no viniera nadie, pero entró una clienta y de las que más me gustan, de las que siempre son amables y vienen con las ideas claras. Total, que la atendí sin mirar el reloj y cuando se fue seguí confeccionando la falda.
No me gusta demasiado correr, que las prisas nunca son buenas, pero continué a buen ritmo. A falta de diez minutos de la hora acordada ya la tenía terminada, faltaba etiquetarla y plancharla. Y justo cuando terminé con la plancha, entró la chica por la puerta. Se la probó y le quedaba muy bien, tanto que le pedí si le podía jacer un par de fotos para las redes y me dijo que sí, que encantadísima. Y cuando se fue cerré la tienda, consciente que había sido un día redondo, de los que me gustan y me hacen sentir que voy por buen camino.