La invitada perfecta

Ahora llega la época de las celebraciones y seguro que tienes alguna boda, comunión o quizás una graduación. Y quizás quieres huir de los vestidos clásicos con los que normalmente se acude a este tipo de evento. Te propongo cinco opciones diferentes que a mi personalmente me gustan y que, a parte de resolver ese día, después los podrás reutilizar:

-Dos piezas: si eliges una parte de arriba tipo top que sea especial, con una tela diferente y que lleve algún elemento tipo lazada, solamente te hará falta una falda básica tipo lápiz para tenerlo terminado. Si te calzas unos zapatos de tacón y un clutch ya lo tendrás del todo. Y lo mejor de todo es que las dos piezas las podrás aprovechar también por separado.
-Un vestido largo: aquí tendremos que decidir si será una pieza que querramos reutilizar mucho, si es así tendrá que ser monocolor, pero si queremos causar sensación, mejor buscar un estampado buen vistoso, con todos los colores de la primavera. Aquí el zapato alto resulta imprescindible.
-Un mono: hay de todo tipo, si elegimos uno que sea liso nos hará parecer más altas, aunque tendremos que jugar fuerte con los complementos.Un kimono estampado resultará perfecto. Si elegimos el mono estampado, tenemos que ser minimalistas con los complementos, para no ir demasiado recargadas.
-Un vestido corto: mi opción favorita, si nos queremos ver más arregladas nos pondremos unos zapatos tipo salón o tacones abiertos, tipo sandalia de fiesta. Si querenos ir más informales nos pondremos unas cuñas y una bolsa de mano tipo rafia.
-Un dos piezas tipo chaqueta pantalón: no hace falta que sea demasiado formal, ahora hay unos tipo pijama que con unos buenos zapatos de tacón ya no necesitaremos nada más e iremos cómodas y estilosas.

Fondo de armario de verano (mi propuesta personal):

Ahora que llega el buen tiempo, querría proponer un fondo de armario básico para el verano, lo he hecho pensando en un modelo que se puede adaptar a los diversos tipos de mujer, ya que no es el mismo fondo de armario para una ejecutiva que para una estudiante. Yo lo he resumido en diez imprescindibles que son fáciles de reunir:
-Una chaqueta blazer, un clásico que no pasa de moda. Si la tenemos en color negro la podemos utilizar también durante el entretiempo y es fácilmente combinable con pantalones, faldas y vestidos.
-Un pantalón blanco: es una pieza que no acaba nunca de marcharse, siempre hace verano llevar un pantalón de color blanco. Realmente se sufre un poco porque se ensucian fácilmente, pero como que solamente los llevamos durante tres meses no nos supondrá un gran esfuerzo.
-Camiseta navy: si la combinamos con los pantalones blancos ya tenemos un look de verano que nos salvará en múltiples ocasiones. Hace falta recordar que las rayas finas estilizan y las gruesas hacen exactamente lo contrario.
-Vestido de día: podemos tener dos como mínimo, el little black dress y un vestido estampado en tonos alegres.
-Vestido de noche: un vestido que puede ser largo, cuando viene un poco de fresquito siempre es de agradecer.
-Camisetas de algodón básicas: en diferentes colores para poder combinar de mil maneras.
Pantalón estampado: mejor si es de tipo palazzo o de pernera ancha, que hace mucho más calor si llevamos ropa ajustada!
-Pantalón corto: hay muchos tipos , pero a mi el que más me gusta es el short de denim. Y el mejor, que no hace falta comprarlo, cuando te canses de unos tejanos que ya no quieras llevar, los recortas y ya lo tendrás!!
-Falda: estampada y corta, que estamos en verano y hace mucho calor!!
-Kimono: es una pieza que arregla cualquier look básico, si llevas unos shorts tejanos y una camiseta de algodón lisa, añadiendo un kimono estampado elevarás el look hasta el infinito.

Esta es mi propuesta, a partir de aquí se puede construir un fondo de armario de temporada personalizado a tu gusto.

Foto de Topntp26 – Freepik.com

Londres siempre es una buena idea

Cada vez que hago un viaje siempre acabo comprando telas, o visitando mercerías o las dos cosas a la vez. Mención a parte tiene los mercados. Los que me seguís ya sabéis que siempre me ha tirado la calle y que, aunque ahora tengo tienda, echo de menos mis tiempos de feriante. Durante el puente de Mayo estuve unos días en Londres, ciudad que me encanta desde que puse los pies por primera vez cuando tenía 12 años (quizás porque fue el primer viaje sin mis padres, tres semanas de clases de inglés en Hastings) y vuelvo siempre que puedo.
No hace falta decir que a las ya obligadas visitas a los mercados de Candem (me encanta la artesanía que tienen en las paradas, aunque la parte de las tiendas ya no es tan especial, está lleno de tiendas mainstreem que comparten espacio con autenticidad) y de Portobello (Notting Hill siempre será una de mis debilidades, fue la primera vez que comí street food allá por los 80 cuando aquí todavía no habíamos visto ni una food truck) también dimos vueltas y encontramos tiendas muy interesantes.
Una de éstas fue la tienda Blade Rubber, cerca del British Museum, cuando buscábamos un sitio donde entrar para salvarnos de la lluvia londinense que nos estaba atacando en ese momento. Es una tienda donde los amantes de las manualidades se creerán que han llegado al cielo. En principio es una tienda de sellos de goma, pero tienen muchos artículos complementarios como tintas, ceras, plantillas y cintas adhesivas de colores. Pero una de las cosas que más me llamó la atención fue que también vendían patrones de confección. Son de la firma Merchant & Mills, una firma creada el 2010 por una diseñadora de moda y un fotógrafo donde te facilitan todo lo que necesitas para confeccionar por tu cuenta: telas, fornituras y patrones. Estos últimos los venden de uno en uno, así puedes elegir entre diferentes opciones: un vestido, unos pantalones, una falda o también una bolsa. Los venden separados, puedes comprar solamente el que quieres utilizar para coser. Me parece una muy buena idea, no lo había visto en este formato. Son diseños atemporales y de dificultad baja, así que si quieres empezar a coser con patrones, ya tienes una buena manera de iniciarte!

El turbante

Hay artículos que son claramente estacionales, que se venden durante una parte del año y que, pasada la temporada, se dejan de vender hasta el año que viene. Los turbantes son un artículo que me gusta mucho hacer. Guardo un gran recuerdo porque, cuando empecé a hacer mercados, fue una de las cosas que me hizo tener más éxito y que, durante un verano, me pagaron todas las ferias de la temporada. Fue hace cuatro años, cuando tenía una feria cerca de la playa, que la gente salía toda despeinada del agua y veían mi parada de turbantes y la verdad es que vendía muchos, me pasaba los días venga coserlos. En la tienda siempre tengo unos cuantos durante la temporada de verano.
El otro día vino una clienta con uno de los turbantes puestos y me dijo que necesitaba un par más. Justo me quedaban poquitos del año pasado, pero se quedó uno y me encargó otro para el día siguiente. Y cuando vino a buscarlo me comentó que le encantaban, que le iban muy bien para trabajar y llevar el pelo recogido. Y que los descubrió el año pasado en la parada del comercio en la calle, que se enamoró de ellos cuando vió que los había de todos los colores. Y ahora volvía a buscarlos, que los encontraba muy prácticos. Y esta semana he hecho unos cuantos más, también bandanas y coleteros para adornar el pelo con los colores de verano.

Fashion Revolution Week

Este semana se cumplen cinco años del hundimiento de una fábrica en Bangladesh que causó más de mil muertos y dió lugar a la Fashion Revolution week. Todos los trabajadores de aquella fábrica estaban cosiendo ropa para las grandes marcas que ya conocemos y por eso surgió este movimiento, que nos invita a fomentar el cosnumo responsable y a reflexionar sobre el sufrimiento que hay detrás de una camiseta de 5 euros.
Habreís visto en las redes las marcas que se añaden a este movimiento publicando una foto con la leyenda “Who made my clothes?” y donde las marcas de proximidad explican como funcionan sus empresas.
Yo querría añadir mi granito de arena. Yo tengo una tienda de barrio, ya lo sabéis, y la mayoría de las marcas de la tienda son las que encajan con la filosofía slow. Ropa hecha aquí, y creo que mi lucha es intentar que la gente entienda que un vestido que he hecho yo no es carísimo si vale más de 40 euros, que la calidad se tiene que valorar y que nuestro trabajo (y sobretodo, nuestro tiempo) también vale un dinero. La confección me da muchas alegrías, aunque muchas veces me veo aplicando la pedagogía de mostrar que mi trabajo tiene un valor y que intentemos no cargarnos (más) el planeta. Claro que hay ropa mucho más barata, pero no ayuda ni a nuestra industria ni a nuestro tejido comercial. Ser coherente es muy complicado, pero como mínimo lo tenemos que intentar.

 

El maniquí

El sábado pasado me pasó una cosa de esas que me encantan y que te alegran el día de golpe. Vino una chica, vecina del barrio, a hacerme un regalo. Había hecho un maniquí a mano, un maniquí de niño y ahora que la casa se le había hecho pequeña (está embarazada de su segundo hijo) no sabía qué hacer con él. Por un lado no se lo podía quedar y por otro le daba lástima tenerlo que tirar. Era una pieza que había hecho a mano, que había forrado y que le había puesto unas puntas con toda la ilusión y que ahora no quería tirarlo a la basura. Y pensó en regalármela, ya que encontraba que encajaba muy bien con el estilo de la tienda.
Cuando entró a explicármelo pesé que me lo quería vender (sí, soy un poco mal pensada, no puedo hacer más), pero no, me lo quería regalar. Es el primer regalo que me hacen en la tienda y me hizo mucha ilusión, la verdad. El maniquí es precioso y casualmente hace tiempo que buscaba una pieza similar (dudaba entre un colgador o maniquí bajito) para poner las tote bags en exposición y mira, debe ser cierto aquello de que si quieres una cosa intensamente al final se acaba cumpliendo.

 

La falda XS

Hace unos días, justo antes de Semana Santa, me vino a ver una chica a encargar un regalo para una amiga suya, había visto en el escaparate una falda de las mías con la camiseta a conjunto y se enamoró de ambas cosas. Entró para pedirme que las apartara, que era un regalo perfecto para una amiga, que había sido verlo y pensar automáticamente en ella. No tendría más importancia si no fuera porque la chica estaba embarazada, muy embarazada. Me dijo que le faltaban días para parir, que notaba que ya le quedaba muy poquito (deduje que no era el primero). La falda que quería era una XS y no la tenía, pero le dije que se la hacía esa misma semana. Pues la confeccioné y le mandé un mensaje avisándola que ya la tenía lista. Me contestó que vendría en unos días, que la niña había nacido ese sábado (hacía cuatro días) y como que aún hacía frío no la sacaba demasiado de casa. Justo después de Semana Santa, el martes vino con la niña y sus padres y me hizo mucha ilusión verla, sobretodo a la niña. Qué gracia haberla visto aún en su barriga y ahora ya estaba en el carro, viniendo como clienta. Ostras, cuando pasan cosas así me encanta estar detrás del mostrador!

La importancia de la formación

Muchas veces cuando en la tienda alguien me ve la máquina de coser me dice que qué suerte que sepa cosir. Y tienen razón en una cosa, saber coser está muy bien, pero no es cuestión de suerte, sino de formación y de invertir tiempo en ampliar conocimientos. Aunque este año hará diez años que empecé con la costura, aún hoy continuo yendo a clase, un mediodía a la semana voy a patronaje. Claro que toca sacrificar mi descanso del mediodía, pero encuentro que vale la pena. Sin sacrificio no hay recompenda y si no siguiera invirtiendo en mi formación no podría continuar haciendo cosas nuevas.
Siempre he sido partidaria de la formación contínua y, además, siempre me ha gustado estudiar y considero que eso sí que es una suerte.
Nunca me ha importado sacrificar parte de mi tiempo libre para conseguir hacer una cosa que me apetece y me interesa. Otras veces he comentado que empecé con la costura como hobby y que la cosa se fue complicando hasta llegar a ser profesional. Y por el camino han pasado muchas cosas y me parece que profundizar en los conocimientos que nos llevan a trabajar mejor siempre es una muy buena idea.

Un día redondo

El sábado pasado cuando me levanté el día no acompañaba mucho, ya estaba lloviendo y el cielo estaba completamente tapado, sin esperanzas de que la cosa fuera a mejorar. A primera hora pasé por la mercería porque necesitaba materiales y comentamos con la tendera que sería un día de poca venta debido al tiempo que hacía. Yo tenía un taller concertado con dos alumnas que me ocuparía buena parte de la mañana y pensé que así el tiempo se pasaría más rápido. El taller fue muy bien, las dos alumnas fueron muy aplicadas y se fueron a casa con dos tote bags perfectamente confeccionadas por ellas mismas. A última hora de la mañana vino una clienta y me hizo una muy buena compra. El día mejoraba por momentos!
Al venir por la tarde, con el compañero de la tienda de al lado hicimos broma con la lluvia (sí, continuaba lloviendo, de hecho, no paró en todo el día) comentando que esa tarde no tendríamos demasiado éxito en cuanto a la venta. Ya llevaba una hora en la tienda y todavía no había entrado nadie, pero entonces recibí un mensaje de una amiga que venía a verme y ya me volví a animar. Vino con su marido y estuvimos charlando hasta que, visto que no había gente ni por la calle, decidimos tomarnos un gintonic. Y fue muy buena idea, hicimos la tarde un poco más festiva, Núria se llevó unas cuantas piezas para casa y nos fuimos muy contentos, ella por la compra y yo por la venta. Fue un sábado redondo, a veces las cosas parece que empiezan de una manera, pero después dan un giro y cambian totalmente nuestro día.

Esas visitas

A veces en la tienda entran vendedores que quieren presentarte nuevas marcas y que estan haciendo su trabajo y, aunque no te interese, siempre te tratan bien y yo intento atenderlos del mismo modo.Pero hay otro tipo de visita que no siempre es tan agradable. Ya no hablo de los comerciales de telefonía móvil, que ya tienen bastante con tener un trabajo bien difícil como para que encima yo los critique, si no de vendedores de cosas que no tienen nada que ver con la tienda y que si no les compras nada encima se enfadan. Hace poco vino una chica a traerme un catálogo de una marca de congelados y aunque le dije que no estaba interesada, insistió en dejarme un catálogo y me dijo que me lo recogería en un par de días y que a ver si le podía hacer un pedido de 25 euros que era lo mínimo para empezar. Todo esto cuando yo le había dicho que no estaba interesada.
Pues dos días más tardes volvió y me preguntó si le hacía pedido. Por tercera vez (oh, sorpresa!) le dije que no y volvió a enfadarse. Me vino a decir que no entendía qué me costaba ayudarla (sí, usó la palabra ayudar) y que 25 euros no era mucho dinero. Yo le dije que esto era una tienda, que yo estaba aquí para vender ropa y complementos y que, si quería, también me podía ayudar ella haciéndome una compra. Se fue sin despedirse, totalmente ofendida. La verdad es que estar de cara al público no tiene desperdicio!