El día de la mujer

El año pasado escribí un post para el día 8 de Marzo y este año, que ha sido mucho más sonado, no podía ser diferente. Aunque era un paro de consumo, dudé un montón y al final acabé por abrir la tienda. Todas mis amigas que trabajan en empresa trabajaron y yo, siendo autónoma, si no abro no vendo y si no vendo, no como. Lo que sí hice fue unirme al paro que se hizo en la Plaza Ibiza a las doce del mediodía, organizada por el Cor d’Horta. Fue muy emocionante pasar por delante del mercado y ver como los coches pitaban en señal de complicidad a las mujeres que estaban reunidas en la puerta.
Me dió por pensar en todas las veces que me han hecho de menos por el hecho de ser una mujer. En muchas entrevistas de trabajo me han preguntado si quería tener hijos y cual era mi vida personal. Me han hecho callar en reuniones laborales, me he quedado fuera de comidas de empresa donde se celebraban proyectos en los que había trabajado y me han pedido que vigilase con los clientes para que no hubiera ningún malentendido. Con clientes hombres, se entiende. Ésto cuando trabajaba para otros. Desde que tengo mi propio negocio ahora me preguntan si pueden hablar con el jefe, si la tienda la llevo yo sola, si tengo que consultar las decisiones que tomo y un montón de cosas más que, directamente, me hacen hervir la sangre. Está muy bien que salgamos a la calle a decir basta ya, que si no fuera por nosotras no habría nada. Oí a una chica por redes que dijo que todos los hombres habían sido paridos por una mujer y que todos ellos alguna vez habían respirado de nuestro aire. Me pareció una manera bien bonita de definirlo. Lo volvemos a hacer el año que viene?

Los encargos (handmade)

Cuando empecé con la tienda no pensé que los encargos me acabarían gustando tanto. Si bien es verdad que desde el principio tuve claro que no haría ropa a medida (y mira que he recibido proposiciones!), cosa que mantengo, los encargos la verdad es que me dan mucha vidilla. De los modelos que confecciono normalmente tengo todas las telas, pero no todas las tallas, así que muchas veces la clientela me encarga una pieza de su talla que no tengo confeccionada. O bien alguna tote bag que no tengo disponible en aquella tela tan especial. O la clienta que me compra una tote y que quiere el neceser a conjunto y que en ese momento no lo tengo. O compran la falda y también quieren la bolsa a conjunto (y yo encantada, que soy la reina de los conjuntos!). Encuentro que es una de las (muchas) ventajas que tiene el hecho de coser y que me diferencia del resto. Y ahora que he empezado con los talleres aún estoy más contenta, más actividades que marcan la diferencia!

El taller

El sábado pasado pude iniciar el tema de los talleres en la tienda, proyecto que tenía previsto desde hacía tiempo y que empecé a publicitar hace poco. E inauguramos los talleres con la confección de una tote bag. Tuve dos alumnas muy aplicadas que vinieron con muchas ganas de coser y de aprender. Una de ellas llevaba su máquina de coser porque quería saber como funcionaba, que aún no la había estrenado. Eligieron las dos la misma tela y empezamos la confección de la bolsa. Primero plancharon las asas y la parte de arriba de la bolsa, para dominar la tela. Una vez planchada, empezaron a coser las asas. En principio es una costura recta, pero para alguien que no ha cosido nunca puede parecer una odisea. Pero salieron las dos airosas, la verdad es que confeccionaron la pieza siguiendo mis instrucciones y terminando en el tiempo previsto. Cosieron las asas y después cerraron la bolsa, haciendo una costura francesa para pulir los acabados. Había momentos que estaban superserias y era de la concentración que le ponían. Salieron con la bolsa terminada y muy satisfechas. Ellas y yo, ver como se fueron muy contentas con su pieza terminada fue muy satisfactorio!
Cuando empecé con los talleres, ya hace unos años, vi que la gente prefería los talleres donde se confeccionaba una pieza que se pudieran llevar que no las clases donde hacer una costura recta, un zig zag, y confeccionar un mostrario. Y ya he empezado, espero que tenga éxito esta nueva faceta de tallerista!

El showroom

Una de las cosas que más me gusta en el mundo es ir de compras. Me encanta ir a comprar, no hace falta que sea ropa, me lo paso en grande hasta cuando voy al supermercado, así que no tengo el listón demasiado alto, por lo que se ve…;)
Por eso me gusta cuando un par de veces al año, al final de las rebajas, toca ir a visitar showrooms para comprar la temporada siguiente. Reúne un par de características que lo convierten en una muy buena experiencia: comprar a tope y no gastar ni un euro. Digo comprar a tope porque en una sola compra dejas hechas dos colecciones de golpe: primavera-verano u otoño-invierno. Y no gastas un euro porque no lo pagas hasta el año siguiente, que es cuando recibes la colección. Y mientras, te pasas unas cuantas mañanas visitando showrooms, viendo ropa de todos los colores y de charla con los proveedores, qué más puedes pedir?
Además, como a estas alturas ya estoy un poco cansada de la ropa que todavía tengo en la tienda siempre sienta bien cambiar un poco la paleta de colores y ver lo que se llevará!
Todo cosas nuevas, ahora ya he terminado con las colecciones de otoño-invierno del 2019, ahora toca esperar hasta julio para repetir el proceso.

Un día redondo

Hace un par de sábados hacía un día no muy bueno y llegué sin muchas espectativas a la tienda. Los sábados no son días de mucha venta, especialmente por la mañana. A eso me costó bastante acostumbrarme al principio de estar en la tienda, ya que yo siempre había aprovechado el sábado para ir a comprar ropa y pensaba que la mayoría de gente hacía como yo. Y se ve que no. Pues por la mañana tuve bastante movimiento, ya que al estar en segundas rebajas, hace que la gente se anime bastante.
Ya por la tarde vine más animada y la verdad es que fue la mar de bien. A una hora y un poco más de cerrar, entraron dos chicas que me encantaron. Una de ellas quería una de mis faldas, pero no tenía su talla. Le dije que se la podía hacer y me respondió que la quería estrenar ese mismo sábado por la noche. Y sabéis que le dije? que se la hacía, que en una horita larga la tendría lista. Se sorprendió y me dijo que sí, que volvía en una hora. Y me puse a cortar rápidamente. Si iba haciendo a buen ritmo tendría tiempo de confeccionarla dentro del límite. Y sin correr. El primer pensamiento fue que mejor que no viniera nadie, pero entró una clienta y de las que más me gustan, de las que siempre son amables y vienen con las ideas claras. Total, que la atendí sin mirar el reloj y cuando se fue seguí confeccionando la falda.
No me gusta demasiado correr, que las prisas nunca son buenas, pero continué a buen ritmo. A falta de diez minutos de la hora acordada ya la tenía terminada, faltaba etiquetarla y plancharla. Y justo cuando terminé con la plancha, entró la chica por la puerta. Se la probó y le quedaba muy bien, tanto que le pedí si le podía jacer un par de fotos para las redes y me dijo que sí, que encantadísima. Y cuando se fue cerré la tienda, consciente que había sido un día redondo, de los que me gustan y me hacen sentir que voy por buen camino.

Cambios de tiempo

Aunque nos encontramos en pleno invierno, hace más o menos unos diez días tuvimos una semana que hizo hasta calor .Además coincidió en pleno inicio de rebajas y no sabéis la de gente que entró en la tienda a preguntar si ya tenía la ropa de primavera. No hace falta decir que una vez pasado el calor ya no me lo preguntaron más, y suerte, porque todavía no la tenía.
Es muy curioso como nos afecta el tiempo, ya que este verano pasado hizo un calor horroroso y no paré de vender vestidos de algodón. Más adelante, durante el mes de octubre, hacía mucha calor y, aunque ya tenía la ropa de otoño en la tienda, se tardó un montón en empezar a vender.
Con esto quiero decir que el tiempo nos condiciona y mucho, al comercio. También es verdad que los días que llueve son días muy flojos en cuanto a la venta, como si el hecho de ir incómodos con el paraguas nos quitase las ganas de pasear e ir de compras. De hecho, en días de lluvia no hay gente ni en el súper. Aunque conozco a gente que aprovecha estos días para ir de compras porque saben que no encontraran gente y podrán ir más tranquilos.
Siempre he pensado que esto está directamente relacionado con nuestro carácter mediterráneo, siempre pendientes del día que hace y a partir de ahí montamos nuestras actividades del día. Porque en Siberia, por poner un ejemplo, entiendo que las tiendas tienen movimiento aunque estén enterradas en la nieve la mayor parte del año. O no?

Foto de desEYEns via Freepik

Una visita misteriosa

Más o menos cada tres o cuatro semanas entra en la tienda una señora oriental de mediana edad que va muy decidida a una de las burras, toca dos o tres piezas de ropa y se va. Lo más curioso, o lo que más me sorprende a mi es que lo hace sin decir ni adiós y al entrar tampoco dice hola.
No mira demasiadas cosas, solamente se está un poco más si hay gente en la tienda y me ve más distraída atendiendo, pero el ritual sigue siendo el mismo, tocar alguna pieza de ropa e irse tan rápido como ha llegado. No hace falta decir que me resulta un misterio lo que hace y que me tiene un poco sorprendida que no diga ni pío en cada una de sus visitas.
He llegado a la conclusión que vive cerca de aquí y que no domina demasiado el idioma y siempre hace incursiones rápidas para que yo no le pregunte nada ni li insista en enseñarle alguna pieza. Lo que ella no sabe es que yo no soy de este tipo de tendera, no molesto a la gente, o esos me parece! Cuando entra una clienta le pregunto si la puedo ayudar en algo y la dejo a su aire. Sí que hay gente que te viene directa apreguntar por lo que busca, pero la mayoría van a su aire. A mi me gusta que me dejen mirar tranquila, una tienda chula sin ningún dependiente cerca es la felicidad para mí.

La Gala

Este sábado fue la entrega de premios del festival Shooping and Shooting y, como uno de los cortos a concurso se rodó parcialmente en la tienda, estaba invitada a la gala. Y tendría mi primer photocall! La gala consistía en la entrega de premios en diversas categorías y después había una cena de celebración. Como el eje comercial de “Cor d’Horta i Mercat” participábamos tres tiendas fuimos juntos a la gala. Y fue una experiencia muy chula. Aunque mi primera idea fue no asistir, ya que la gala era sábado por la noche y sabía que estaría cansada, al final me convencí que sería una experiencia divertida, diferente y que era una excusa para vestirse de fiesta y pasar un rato con mis compañeros tenderos, que muchas veces vamos concentrados en nuestras historias y no hablamos mucho, aunque estemos prácticamente pared con pared. Y después había cena, tipo pica pica y los que me conocéis ya sabéis que, a mi, prácticamente no me gusta comer;)
La ceremonia fue muy chula y divertida, vimos unos cuantos cortometrajes y después de dos horas de ceremonia oliendo a tortilla de patata ( no es broma, hacía olor a tortilla y a croqueta) pasamos a cenar. No hace falta decir que el corto Rehumanización, que era el “mío”, no rascó ningún premio, aunque fue en este momento de la cena cuando me encontré con el equipo y estuvimos recordando la tarde de rodaje que pasamos juntos. Fue una experiencia diferente, donde pudimos coincidir con diferentes ejes comerciales de Barcelona y vimos como el pequeño comercio se moviliza y va creando sinergias con la ciudad. Ah! y el catering buenísimo! El año que viene me vuelvo a apuntar!

Fuera luces

El jueves pasado por la tarde cuando llegué a la tienda me encontré que estaban quitando las luces de Navidad. Y me dio penita, esa es la verdad. Si bien es cierto que si las dejaran más días daríamos una imagen un tanto descuidada, el hecho de sacarlas anuncia que ya se han acabado definitivamente la locura de las fiestas. Y mira, que lo encontraré a faltar. Veníamos de un par de meses estraños en cuanto a venta se refiere y el mes de Diciembre ha sido como siempre, mucha gente con ganas de comprar y, sobretodo, de regalar. Y mucho movimiento. El hecho de poder abrir los festivos hace que al final acabes por no saber en qué día vives y que muchas veces te acuerdes de la peli aquella del Día de la Marmota. Y también los días de abrir al mediodía, que te da una rutina diferente. La cabalgata de Papa Noel y de Reyes pasa por delante de la tienda y siempre es un momento muy emocionante, no solamente para los niños, la verdad es que este año solté alguna lagrimilla y todo. Y el día de Reyes, después de comer vine a etiquetar las rebajas, que este año empezaban en domingo. A estas alturas iba tan perdida que durante la comida del día de Reyes, y después del roscón, pregunté a los hijos de una amiga si volvían al colegio al día siguiente y, extrañados, me dijeron que no, que era domingo, que ellos volvían el lunes, si acaso.
Total que el primer día de rebajas, que era domingo y llovía, vine a abrir la tienda con pocas esperanzas de venta y la verdad es que fue bastante bien. Y pasado este día, retorno a la rutina, que me encanta! Hasta el año que viene!

El arreglo más difícil del mundo

Normalmente cuando vendo una pieza me hago cargo del arreglo, es decir que no lo llevo a que me lo arreglen, sino que lo arreglo yo misma y no cobro el trabajo. Encuentro que así la experiencia de compra es más enriquecedora.
Normalmente son arreglos sencillos como acortar unos pantalones, hacer una pinza o alargar algún vestido que queda corto.
Pues el mes pasado vendí un vestido vintage con la falda con mucho volumen y la clienta quería que le quitara un poco de tejido para que le quedara menos voluminosa.
El arreglo parecía fácil, medí la tela por los dos lados y le quité un buen trozo. Total, que viene la clienta y vemos que a la altura de la cadera a uno de los dos lados la tela le hacía un blto estraño. Yo había medido los dos lados y había quitado la misma cantidad de tela a los dos laterales. Le pongo un par de agujas y veo que le puedo quitar el bulto. La clienta vuelve al cabo de un par de días y, a pesar del arreglo, el bulto seguía allí, ligeramente más pequeño, pero se veía perfectamente.
Muerta de vergüenza vuelvo a tomar medidas y le digo a la clienta que vuelva en unos días. Hice otro ajuste, venga medir la tela, y lo colgué en el almacén. Lo dejé preparadoesperando a probarlo con la clienta y después hacer la costura definitiva con la máquina. La clienta no pudo venir en unos días y yo cada vez estaba más preocupada con el vestido. Lo sacaba del almacén, lo ponía en un maniquí y ya no sabía si veía bultos o me los imaginaba.
Una noche hasta soñé con el vestido. La clienta vino y yo estaba de los nervios, pensando que como no le fuera bien ya no sabría qué cara ponerle, si la pobre había venido tres veces y siempre con una sonrisa! Total, que se lo probó y le quedaba perfecto. Cosí la costura y se lo llevó, que al día siguiente se iba de viaje y lo quería estrenar. La foto del post es la foto que me mandó desde La Habana, donde podéis ver el vestido y el arreglo más difícil del mundo, no por la dificultad, sino por el tiempo y energías que le dediqué.