El outlet

Cuando tienes un comercio, especialmente de ropa, cada temporada reunes una serie de piezas que vas acumulando y que forman el stock, que va creciendo temporada tras temporada. Y como durante los Comercios en la Calle no he estado capaz de reducirlo al ritmo que me gustaría, se me ocurrió abrir una zona outlet. Sería una burra llena de ropa de otras temporadas a muy buen precio. Lo anuncié por instagram y tuvo muy buena acogida, vino mucha gente a mirar y las piezas de ropa se iban marchando. En los días del Comercio en la Calle sí que iban saliendo, pero muy despacio, o eso me parecía. Y entonces pasó una cosa que me ha hecho mucha gracia, una influencer de las que sigo por instagram me vió por redes y me pidió si le podía enviar un vestido y que quería dos piezas más, pero que le escogiera yo las piezas, que le hiciera un look para ella. Y así lo hice, lo preparé y se lo mandé. Me escribió por instagram diciendo que le encantaban y que muchas gracias. Y hasta aquí todo bien.
Al cabo de unos días, me levanto por la mañana y mi móvil echaba humo, y veo que la influencer ha publicado una foto con el look que le mandé y que explica todo el proceso, que le hice un look a ciegas y que está encantada. Explicaba muy bien que eran piezas outlet y que me había pedido un look a ciegas. Y la verdad es que la respuesta fue muy buena. Por instagram estuve toda la mañana contestando preguntas de qué piezas tenía y dos chicas me pidieron dos looks a ciegas, que les manara tres piezas y tres piezas, que les montara dos looks con lo que a mi me pareciera bien. Es una de las cosas que más me gustan de la tienda, que me dejen hacer de estilista y la verdad es que me lo pasé la mar de bien montando los looks que me habían pedido. Y mira que era poco crédula ante los influencers y su , nunca mejor dicho, influencia. Y menos si lo hacían gratis , porque ella me pagó las piezas y yo no pensaba que iba a hacer publicidad. Y menos recibir pedidos por instagram, pero cada vez las redes me están gustando más y al final acabaré en una granja de rehabilitación contra las adicciones tecnológicas donde me quitarán el móvil, como si lo viera.

Imagen de www.pexels.com

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