La vuelta a los mercados

Esta Semana Santa, en lugar de marchar de vacaciones, hice un mercado. Hacía tiempo que no hacía ninguno y me gustaba la idea de volver. Pero tenía claro que no volvía sola. Ni de coña. Y una de mis proveedoras de bisutería también hacía tiempo que estaba pensando en volver, así que rápidamente nos pusimos de acuerdo. Y este año hemos visitado un par de mercados en Barcelona, que tampoco nos han convencido mucho.
Entonces los planetas se pusieron en línea, cosas de esas que acostumbran a pasar cuando menos las esperas, y vimos que el Dowtown Market se hacía durante la Semana Santa. Y yo cerraba la tienda y Mercè no se iba, así que nos inscribimos. Los planetas no se mantuvieron mucho tiempo en línea porque una semana antes empezó a hacer un tiempo horrible. Y cuatro días antes ya nos dijeron que no se haría al aire libre, sino que nos trasladaban dentro del centro comercial.
No fue una buena noticia, pero tampoco teníamos demasiadas posibilidades de hacer nada al respecto. Así que llegó el día de antes y yo me fui a la tienda a preparar la ropa que me llevaría, ya que quedamos con Mercè que ella llevaría la bisutería y yo un par de burras con ropa. Llegó el sábado y yo estaba de los nervios. Hacía cuatro años que no hacía ese mercado, que fue mi primer mercado en la vida y tenía mariposas en el estómago. Montamos la parada y la verdad es que ese sábado fue decepcionante. Muy decepcionante. Mucha gente, pero poca venta y nos fuimos a casa un poco deprimidas. Dormí como una marmota, porque si alguna cosa tienen los mercados es que cansan mucho y acabamos muy agotadas.
Y el domingo por la mañana volvimos a ello. Ya en seguida notamos que el ambiente era diferente y que la gente venía con más ganas. El tiempo era igual de malo, seguíamos dentro del centro comercial (delante de un Mango, para más inri), pero la cosa se fue animando. Y nosotras también, claro. Ya no estábamos tan cansadas y el tiempo corría mucho más deprisa. Recuperé las emociones vividas en mi primer mercado: la emoción de la venta, las visitas que te vienen a ver (he tenido visitas de clientas de la tienda, que esto antes no me pasaba), el buen rollo con el resto de paradistas, y sobre todo el contacto con la gente, que en este mercado hay visitantes de todo el mundo. Acabamos el día contentas y cuando volvíamos al coche comentábamos que al día siguiente estaríamos haciendo la croqueta en el sofá, que no serviríamos para nada. Y así fue. Repetiremos, sin duda!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *