Un día redondo

El sábado pasado cuando me levanté el día no acompañaba mucho, ya estaba lloviendo y el cielo estaba completamente tapado, sin esperanzas de que la cosa fuera a mejorar. A primera hora pasé por la mercería porque necesitaba materiales y comentamos con la tendera que sería un día de poca venta debido al tiempo que hacía. Yo tenía un taller concertado con dos alumnas que me ocuparía buena parte de la mañana y pensé que así el tiempo se pasaría más rápido. El taller fue muy bien, las dos alumnas fueron muy aplicadas y se fueron a casa con dos tote bags perfectamente confeccionadas por ellas mismas. A última hora de la mañana vino una clienta y me hizo una muy buena compra. El día mejoraba por momentos!
Al venir por la tarde, con el compañero de la tienda de al lado hicimos broma con la lluvia (sí, continuaba lloviendo, de hecho, no paró en todo el día) comentando que esa tarde no tendríamos demasiado éxito en cuanto a la venta. Ya llevaba una hora en la tienda y todavía no había entrado nadie, pero entonces recibí un mensaje de una amiga que venía a verme y ya me volví a animar. Vino con su marido y estuvimos charlando hasta que, visto que no había gente ni por la calle, decidimos tomarnos un gintonic. Y fue muy buena idea, hicimos la tarde un poco más festiva, Núria se llevó unas cuantas piezas para casa y nos fuimos muy contentos, ella por la compra y yo por la venta. Fue un sábado redondo, a veces las cosas parece que empiezan de una manera, pero después dan un giro y cambian totalmente nuestro día.

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