Un día redondo

Hace un par de sábados hacía un día no muy bueno y llegué sin muchas espectativas a la tienda. Los sábados no son días de mucha venta, especialmente por la mañana. A eso me costó bastante acostumbrarme al principio de estar en la tienda, ya que yo siempre había aprovechado el sábado para ir a comprar ropa y pensaba que la mayoría de gente hacía como yo. Y se ve que no. Pues por la mañana tuve bastante movimiento, ya que al estar en segundas rebajas, hace que la gente se anime bastante.
Ya por la tarde vine más animada y la verdad es que fue la mar de bien. A una hora y un poco más de cerrar, entraron dos chicas que me encantaron. Una de ellas quería una de mis faldas, pero no tenía su talla. Le dije que se la podía hacer y me respondió que la quería estrenar ese mismo sábado por la noche. Y sabéis que le dije? que se la hacía, que en una horita larga la tendría lista. Se sorprendió y me dijo que sí, que volvía en una hora. Y me puse a cortar rápidamente. Si iba haciendo a buen ritmo tendría tiempo de confeccionarla dentro del límite. Y sin correr. El primer pensamiento fue que mejor que no viniera nadie, pero entró una clienta y de las que más me gustan, de las que siempre son amables y vienen con las ideas claras. Total, que la atendí sin mirar el reloj y cuando se fue seguí confeccionando la falda.
No me gusta demasiado correr, que las prisas nunca son buenas, pero continué a buen ritmo. A falta de diez minutos de la hora acordada ya la tenía terminada, faltaba etiquetarla y plancharla. Y justo cuando terminé con la plancha, entró la chica por la puerta. Se la probó y le quedaba muy bien, tanto que le pedí si le podía jacer un par de fotos para las redes y me dijo que sí, que encantadísima. Y cuando se fue cerré la tienda, consciente que había sido un día redondo, de los que me gustan y me hacen sentir que voy por buen camino.

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